27 septiembre 2009

La Casa del Colgado

Por Gaby Gómez del Río

Hola, como ven mi casa no es más que un metáfora sobre mí. Enclavada en el suelo, frondoso y lleno de vida, el árbol se encuentra sujeto, y sobre éste, una casa, mi casa.
Su entrada, un ojo. El ojo que observa, pero no hay boca, ni pies ni manos. Observar y gestar, o pensar son las claves de este sitio.
Hay un silencio acogedor. El aroma del ambiente es vainillado. Es cálido. La puerta se abre hacia dentro, y su manija es una pupila incipiente. Si la ves, entras. Y sino te quedas indagando fuera. No puede verse aquello que no se conoce. Por lo tanto, si no conoces la forma de la manija de la puerta de mi casa, no entras.
Las paredes cambian de color, según sea lo que se esté elucubrando. Los cuadros son absorbidos por las éstas y devueltos a la superficie según sea el color de las mismas. Todo esta geométricamente dispuesto. La exactitud de este orden responde a mi pose en lámina del tarot. Las ventanas, se encuentra a los lados del iris, parecieran dos custodios, podría decirles que son los portales que traen luz.
Este es mi sitio, mi estar, es lo que soy. Cuando tengo mucho en mi cabeza, salgo pero como saben, no bajo al suelo, aún no, pero ya lo haré. Mi tarea es la de canalizar entre ideas extraordinarias y contextos/tiempos inapropiados, cuestión esta que me imposibilita la acción, pero que no detiene a mis ideas. Es por eso que el árbol es mi metáfora, éste canaliza la energía del cielo a la tierra y viceversa
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2 comentarios:

Aurora Díaz dijo...

Gabriela, que hermoso concepto. Me gustó mucho el concepto de el árbol como mediador entre el cielo y la tierra. Esa integración es una metáfora perfecta de El Colgado. La puerta que abre hacia adentro y la manija como clave de entrada. Los ojos como protagonistas, la visión interna. Te felicito.

Leyendo mitos dijo...

Aurora, muchas gracias por tus palabras hacia mi trabajo, son como un impulso a seguir trabajando.

Cariños
Gaby