25 septiembre 2009




LA CASA DE LA MUERTE
Mariola Sánchez



El Taxi paró en la dirección acordada Calle de la Eternidad número 13.

Al bajarme del coche me impresionó el silencio absoluto que reinaba en aquel paraje, a pesar de estar al aire libre no se oía ni el canto de los pájaros, ni el susurro de las hojas al crujir con la levedad del viento.

Una casa impresionante con un envolvente de árboles que parecían camuflarla, pero de repente un paso al frente y allí se divisaba el edificio, no sabría decir quizá del siglo XV, aunque si algo sobrecogía era la solemne majestuosidad de sus paredes.

Todavía no sabía muy bien como me había decidido a llegar hasta allí, mi amiga Alma me incitó a hacerlo, trabajamos juntas en un hospital y allí a diario lidiamos con su presencia silenciosa, pero contundentemente implacable.

Estábamos tomando un café y me dijo: Mira Mariola se cuanto sufres al tener que aceptar la muerte como compañera de trabajo, quizá si la conoces más de cerca y visitas su casa entiendas mejor su cometido. De mala gana accedí, pero ahora me cuestionaba si realmente había sido buena idea aceptar su propuesta. Pero allí estaba de pie plantada frente a la puerta.

Llamé al timbre, que pareció al sonar que temblaba la casa, pasados unos minutos me abrió un hombre embutido en una especie de chaqué. Le está esperando en el salón acompáñene, me dijo.

Era una casa amplia y tenuamente iluminada, una bóveda celeste se abria en el techo y dejaba a través de cristales multicolores pasar la luz disipada del sol, el caballero me instó a seguirlo, parecía que se deslizaba por el suelo, más que caminar, no se oian sus pasos.

Pasamos por una estancia que hubiera jurado que era una biblioteca, pero lo curioso es que no había libros en las estanterías, apenas dos o tres. La decoración era fría y minimalista todo en blanco y negro. En el suelo baldosas también blancas y negras tipo tablero de ajedrez.

Seguimos y más adelante mi acompañante se detuvo ante una puerta enorme y la empujó, invitándome a pasar.

Una gran sala con ventanales cubiertos de cortinajes rojos, una chimenea apagada, una gran mesa ovalada con 13 sillas (vaya pensé) detallista el tipo, en el ambiente flotaba un aroma a inciensos litúrgicos, la decoración denotaba poco lugar a la imaginación, todo en su sitio correctamente ubicado sin ornamentos.

Hola Mariola surgio una voz desde la respaldo de un enorme sillón rojo en una esquina del salón, y dándose la vuelta AHI ESTABA, reconozco que aunque había decidido no impresionarme, a sabiendas de lo que iba a encontrar temble por entero, hoolaa dije con un hilo de voz entrecortada.

Pareció adivinar mi sorpresa y me dijo, tranquila, soy una visita que se recibe una sóla vez en la vida, pero tú vas a tener la oportunidad de repetir.

Quería enseñarte mi casa para que veas como vivo !!Menuda paradoja, como vivo!!

Como imagino tendrás muchas preguntas que hacerme, quiero primero regalarte algo. Me tendió un reloj de arena mientras me decía:

Este es el mejor regalo que puedo hacerte: tiempo, utilízalo con sabiduría pués cuando volvamos a vernos se te habrá acabado por esta vida...........

Me senté en el sillón contiguo como me indicó y comenzamos a charlar...............................................






3 comentarios:

Aurora Díaz dijo...

Mariola, es increíble cuan rica puede ser la diversidad y la creatividad. Tu historia se me parece a los cuentos, "las mil y una noche". Estos cuentos nunca terminaban, se quedaban en un enigma... para dejar a la persona con hambre de escuchar más. Obviamente, para charlar con la muerte hay que experimentarla. Es el Arcano más trascendental, en mi opinión. Te felicito, me encantó tu creatividad.

Olin Yolitzi dijo...

Mariola,
me quede con ganas de seguirte leyendo!!!! Me parece como si leyera otra novela que no puedo soltar de leer!
Felicidades,
Olin

Shonen dijo...

No vas a contarnos que más te dijo?... dejas con las ganas, tal vez en otra ocasión.

Un abrazo